concentrado en acabar la carrera…

En 12 días seré historiador, aunque supongo que habrá que sumarle un tiempo de incertidumbre de otros 7 días al menos.

Estoy de “vacaciones” en el trabajo para lograr esto mismo y sólo me queda redactar mi ensayo sobre el hecho histórico y presentarme a un examen de Cultura Azteca, comerle la cabeza a un par de profesores… y esperar que no surja ningún problema imprevisto.

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Hoy he estado leyendo “El paisaje de la historia” de John Lewis Gaddis, que venía en la lista de trabajos que me han mandado, y aunque no me ha servido de mucho para el trabajo que tengo entre manos, el libro me ha resultado muy interesante, ya que resume en muchos puntos mi forma de pensar y me ha servido para ordenarla un poco.

Trata principalmente sobre el estudio científico de la historia y como esta está mas cerca de las ciencias “puras”, desde la introducción en estas de la teoría del caos, que de las ciencias sociales. Tampoco me quiero extender mucho, lo que hace Lewis Gaddis es explicar la metodología de la historia bajo el prisma de la teoría del caos y la complejidad, con gran cantidad de metáforas y referencias que hacen que lo que podría ser un libro bastante árido sea bastante interesante y fácil de leer (en algo menos de 6 horas me lo he ventilado).

Supongo que me lo compraré para hacerle una lectura más relajada más adelante… si, lo reconozco, me gusta la historiografía, las discusiones sobre filosofía de la historia, las cuestiones de metodología…

Por supuesto lo recomiendo a quien le interesen estos temas.

un pedazo de a lo que me he dedicado hoy…

Pues dejo un fragmento de mis reflexiones finales sobre el libro “La historia después del fin de la historia” de Josep Fontana (Crítica, Barcelona, 1992).

Una cosa menos, ya sólo me queda un megatrabajo enorme por hacer 😛

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…  creo que en ningún caso se debería confundir “hacer Historia” con “hacer política”. Está claro que dependiendo de la ideología y mentalidad de un Historiador, éste se verá interesado por unas u otras cuestiones y que las conclusiones a las que puede llegar un Historiador pueden ser utilizadas en política, pero pero el objetivo del Historiador es comprender la Historia en su totalidad, o abarcar lo máximo que pueda para poder comprender mejor la situación, y no revivir los pasajes que le interesan y obviar los demás, porque entonces no se estarás siendo objetivo y no se estarás haciendo Historia tampoco.

Al final del libro Fontana dice que el pensamiento crítico está casi aniquilado, y en parte, es culpa de cómo se enseña y estudia Historia hoy en día. No existe una forma de “pensar” la Historia (que creo que es lo que se debería enseñar), y cualquiera, al preguntarle por un tema histórico, te contará un punto de vista, seguramente una retahíla aprendida de memoria y adaptada a una ideología política. Eso, creo, es lo contrario a lo que persigue la Historia y habría que intentar evitar mezclar de esa forma Historia y política. Lo que se debería enseñar en las escuelas y también en la universidad, no son opiniones prefabricadas hechas a partir de datos históricos, sino la forma de pensar la Historia a partir de datos y las formas de encontrar los datos que no tenemos. Enseñar a construir una caña o una red para pescar (como aparece en la portada del libro) y no repartir los peces que interese dar a cada uno.

El libro en general tiene un carácter un tanto pesimista que no comparto del todo, pero que si, creo, representa en gran parte a la mayoría de estudiosos de izquierdas de la generación anterior a la mía. Si bien es cierto que en ciertos aspectos se ha podido dar en el mundo un giro a la derecha, creo que este se produjo mucho antes de la caída del muro, y no creo que el otro lado fuese el mejor ejemplo a seguir. Quizá el mayor problema del marxismo fue creer que la rusia soviética fue un estado marxista y depositar sus esperanzas en ella. Me parece ver en lo que dice Fontana, que los historiadores (y no historiadores) de izquierdas o marxistas se han rendido y han estado siguiendo a delante por inercia, pero sin mucha esperanza ni fe en lo que estaban haciendo. Todos los bandazos en diferentes estudiosos que explica Fontana en el libro, creo que se pueden deber a esto y eso se ha notado bastante en nuestra generación, que ha crecido con la explosión globalizadora del sistema capitalista en máximo auge por un lado y con unos “derrotados”, que lo estén o no es lo que aparentan, en el otro.

Aún así, he visto proyectos y he visto acciones entre la gente de mi generación que me hacen tener esperanza, y creo que habría que abandonar el pesimismo y empezar a pensar en positivo, más en los profesores que en el alumnado, que pueden ser capaces de hacer grandes cosas pero al fin y al cabo acaban haciendo lo que dicen los primeros. Fontana da buenos consejos de hacia donde debe dirigirse la Historia y estoy en general de acuerdo con ello, aunque, pienso que, mientras no pierdas de vista una visión global de la Historia, no sólo no es contraproducente sino interesante, realizar estudios de microhistoria o sobre asuntos económicos (por ejemplo), siempre y cuando no bases tus opiniones sólo en estos estudios.

Todas las tendencias que enriquezcan la Historia deberían ser bienvenidas y recogidas con los brazos abiertos, siempre y cuando no cierren la puerta a otras tendencias y tengan claro que son parte de algo más grande, que se llama Historia. Si hay contradicciones se discutirán y si alguno quiere seguir un método distinto a otro, que lo haga (pero conociendo los diferentes métodos que hay). Lo importante de todo esto es pensar críticamente, porque es la única forma de comprender, comprender al Hombre, lo que es y lo que ha sido, a través de su paso por el tiempo, que es lo que creo que debería perseguir la Historia.